En la actualidad, los medios de comunicación se ocupan bastante de las propiedades ambientales de los materiales de construcción. El punto central es la fotocatálisis que se produce a través del dióxido de titanio que transforma, entre otros, óxidos de nitrógeno en nitratos. Durante mucho tiempo se ha investigado los efectos fotocatalíticos del pigmento blanco dióxido de titanio en su forma cristalina anatasa, en colores con ligantes orgánicos debido a su efecto disolvente en el ligante. Gracias al desarrollo de los pigmentos de rutilo en el tratamiento de superficies, éstos se han podido estabilizar de modo que ya no se produzcan los efectos de desgaste de color. En 1965 ya se documentó el dióxido de titanio por su brillo duradero [1]. Incluso en 1959, B. Henk informó sobre la posibilidad de un mayor aclarado del hormigón de marcación con pigmentos blancos [2]. Como consecuencia se realizaron numerosos proyectos con cemento blanco añadiendo dióxido de titanio como pigmento demostrándose otra ventaja, el efecto autolimpiante, especialmente en las superficies verticales.
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