En torno al año 1990 se vislumbraron nuevas perspectivas de futuro en relación con el hormigón como material de la construcción. Añadiendo humo de sílice y empleando modernos fluidificantes, se podían fabricar hormigones con una resistencia a compresión superior a 100 MPa, pero su trabajabilidad podía mejorarse. Para estudiar este material de la construcción tan prometedor se iniciaron numerosos proyectos de investigación. Desde entonces, las propiedades de los hormigones hasta con una clase de resistencia de C105 ya no esconden ningún secreto. Por eso, el campo de aplicación de la mayoría de las directivas, incluido el nuevo Eurocódigo para estructuras de hormigón, incluye esta clase de resistencia. Se constató que esta ampliación no solo suponía un nuevo récord, sino que al mismo tiempo implicaba el inicio de una nueva formas de pensar. El siguiente paso en el desarrollo de los hormigones modernos era el hormigón autocompactante (HAC), seguido del hormigón de fibras ultra resistente (UHPFRC).
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